lunes, 26 de septiembre de 2016

MIRAR A BELLA LUCÍA





MIRAR A BELLA LUCIA

I

         Entre las nueve y las diez, la hora perfecta para mirar a Bella Lucía: la hora del algo en Mi Saloncito. Una de las de más ajetreo para la meserita, pues el lugar está siempre lleno, y siempre hay gente esperando a que desocupen las mesas. La hora perfecta para oler su perfume cuando se arrima  a pagar en la caja, casi por encima de mí, de mi sitio en la barra. (Acerca su cuerpo sin tocarme la linda mujer para entregar y recibir el dinero, pasando su brazo desnudo por el ángulo que forman la cabeza y el hombro, tan cerca que me rozan los vellos sedosos en la oreja). Yo, estremecido; pero quieto en primera.         
         Desayuno como siempre con los codos apoyados en el mostrador, mirando  hacia afuera, dándoles la espalda a la vitrina de la parva y a la gran cafetera de bronce. El pocillo con pintado caliente en una mano, y en la otra, — dependiendo de  las tonalidades del día —, un pandequeso o un pastel de guayaba.
         Bella Lucía tiene goticas de sudor que brillan como diamantes, encima de la boca carnosa y fresca; y en la frente, entre mechones dorados. Pretende ser indiferente a la mirada que la persigue, pero siente cada vez con más fuerza la imposibilidad de seguir haciéndolo. Así como siento que no resiste más mi espíritu al impulso de hablarle. No hay nadie más para mi en el local amplio y bullicioso. Es como si no estuvieran los casi cincuenta clientes que conversan al tiempo mientras comen pasteles, empanadas y huevos en cacerola que acompañan con gaseosa, con pintado o con chocolate espumoso, que les sirve Bella Lucía con hábil delicadeza, sin sentirse, existiendo solamente para mi... (Como si no hubiera nadie, a pesar de que a todos los conozco: mis vecinos de los almacenes de cachivaches de la cuadra, y de los juzgados del único edificio nuevo, y de las oficinas de tinterillos, que se confunden con piezas de alquiler como la mía en los viejos caserones de bahareque).

II

         La moneda plateada suena como una diminuta campana contra el piso de baldosas. Los ojos de Bella Lucía la siguen ansiosos hasta la suela de goma de la bota, que la detiene de un pisotón. Allí, en el pequeño disco resplandeciente, de escaso valor, deja clavada su  mirada la tierna mesera, mientras la recojo y con ella entre el pulgar y el índice hago el gesto de entregársela. Siente Bella Lucía que la miro a los ojos - que continúan fijos en la moneda - mientras murmura, a través de la tímida sonrisa, un muchas gracias y estira la mano abierta. Da una vuelta en el aire la moneda, catapultada por por la mano que se extiende para esperarla, quedando, como la de la azorada dueña de ambos, de ésta y de mi corazón, en la misma actitud de recibirla. Sorprendida, la mujercita no puede evitar subir los ojos y turbarse. Parecen ahora rubíes las goticas de sudor...


FIN



*     *     *

VOS SABÉS

         No se incomode más Edilma. Bien pueda se va, que ya me tiene hasta aquí con la amenazadera. Ni que se fuera a acabar el mundo, bendito sea mi Dios... Llévese lo que le sirva, aunque no sea suyo, y no se preocupe por mí, que no necesito nada de esos trebejos. Lo único es el juego de sala, que usted sabe muy bien que es de mi mamá. El resto es suyo, pero piérdase, ¿si? Que cuando salga yo de aquí no quede ni la sombra suya. Yo no quiero ni acordarme de esta relación que empezó tan romántica, tan sentimental, tan empalagosa. Me queda el consuelo de no haber faltado, y de haber sido leal sin dejar a un lado lo varón. Si estoy aquí guardado fue por un destino que usted conoce muy bien como para seguirle dando explicaciones, pero ni quita ni pone en la obligación, ni dejé de cumplirle, porque fue para su beneficio y por su conveniencia que me enredé. No se haga ahora la ignorante. Si está cansada, o dio con otro mejor, o le tienen el oído engatusado, eso es problema suyo, que yo lo que necesito es tranquilidad. Tengo que estar sereno para afrontar lo que se viene tan jodido, y no me amedrenta una traición, que por muchos nombres y adjetivos que le pongás a la cosa, no pasa de ser eso. Vil traición, porque me ves caído me ponés el tacón en el pescuezo y pretendés que te mendigue, ¡vagamunda!. Yo pago este ganso y salgo - no hay plazo que no se cumpla... - y cuando eso sea, pedile a mi Dios que estés bien lejos, porque voy aumentando un rencor y unas ganas de reventarte ese hocico... Y no la vayás a emprender ahora con Rosalba, porque te lleve esta misiva. Ella no tiene velas en este entierro, sino que como es la única, junto con mi madre bendita, que se han acordado de venir a verme - Rosalba sin ningún deber aparte de la amistad sincera - yo le pedí el favor de hacértela llegar; porque la vieja, no quiero que sepa ni siquiera si existís. Rosalba se va a encargar también de hablar con don Segundo para entregarle la pieza cuando te dignés desocuparla, y de cuadrar con Alveiro la llevada del juego de sala ya sea a donde los viejos o a donde alguna de las muchachas, lo que ellas decidan. No la vás a irrespetar, que a vos lo que te ha faltado es la clase que tiene esa dama. Hacé una sola cosa decente en la vida, que nada te cuesta, y comportate por primera vez con sociedad... Sin nada más y con desprecio:

                                                                                      Vos sabés 

lunes, 19 de septiembre de 2016

ROSA CELOSA







ROSA DE PURO CELOSA

   Había que bajar por una de las faldas más paradas del centro. De esas tan pendientes que hay que caminar echado para atrás, o sale uno peloteando de cabezas. Esas faldas que les dan a las mujeres que las transitan con frecuencia, un caminado airoso, como de garzas, por cuidarse pudorosas — desde tiernas colegialas — de que al hacerlo no “se les vean los calzones”.  
   Bajando al Cervantes desde la veintitres. Como tres cuadras hasta la casa con cuatro portones de lata escalonados por la pendiente. Se asomó una muchachita por una ventana de vidrios pequeños en el segundo piso y abrieron después de que habló Rosa. Hasta ese momento, o mejor hasta que subíamos por las precarias escaleras de madera encerada, yo no había disimulado el disgusto y la pereza con que iba en ese paseo tan aburridor; en vez de haber bajado al Campestre, donde ya nos habíamos perdido las finales de tenis... Rosa de puro celosa, porque sabía que eso estaba lleno de paisitas y caleñas. Fué la vez de los mejores interclubes; y yo ennoviado. No como los años anteriores, la bacanería total, una pareja distinta cada noche; y semejantes niñas... importadas!.  
   Se me quitó la jartera cuando salió esa mujer a recibirnos, en la salita tan estrecha que sólo cabían los muebles forrados en plástico. Una salita de adorno. Y esa cosota ahí parada con una minifalda apabullante y la blusa tan pegada que se le veían las burbujitas alrededor de los pezones puntudos. Y la familiaridad con que saludó a Rosa pellizcándole una nalga; y a mí con tremendo beso en la boca, mejor dicho, en media boca, porque yo me le moví por instinto, esperando el beso automático en la mejilla que le dan a uno las cuchas... Claro que ésta ni tan cucha. De unos treinta, pero buena, seguro.    Empujó a Rosa para otra piecita enseguida de la sala, lo mismo de chiquita pero no más con la mesita de trabajo y dos taburetes, y yo me metí detrás mientras ella hablaba sin parar “...a ver corazón que estoy de superafán porque voy para cine con un amigo...”, y le levantó el vestidito en un santiamén y la dejó ahí parada en cucos y brasieres — Rosita, tu imagen divina! — y a mí me sentó en una de las sillas jalándome del brazo y diciéndome que me volteara para allá, que no me entusiasmara tanto, y el que-me-volteara-para-allá fué que se me sentó a todo el frente con las patas abiertas y se le veían los cucos azules claros, templaditos, entre los muslos sin medias. Y que azarada!; yo que me las doy de duro y estaba temblando. La vieja ponía alfileres y cada vez abría más las piernas, y en un tiro se vino y me puso las nalgas duras en la cara... Y Rosa como que hacía rato me estaba preguntando que si me gustaba; pero yo no le oía. Porque desde eso no oigo, hermano, ni veo, ni entiendo. Ni pienso ya en paisitas ni caleñas, ni en finales de tenis. En lo único que pienso es en que cuándo será que Rosa me pida que la acompañe otra vez a donde la modista...


                                                                        ***


MI VERTIGO


   Me tiré en picada desde el balcón y cogí suficiente impulso para planear un largo trecho por el río.      Había llovido y el aire que golpeaba mi nariz olía a  matarratones mojados. Paralelas volaban garzas blancas que recorrían un fondo amarillo de guayacanes florecidos. Busqué con la mirada hasta que encontré los gallinazos que me señalaron la térmica y subí por el aire tibio viendo girar el paisaje hasta que no había oxígeno para mis pulmones ni sangre para mi cerebro, cuyas protestas anunciaron el momento esperado por mi vértigo. Pegué mis brazos-alas al cuerpo, alinié la cabeza con la columna vertebral y me clavé al vacío con fondo de paisaje vibrante cortado por el Cauca serpentino.    El puente aumentaba su tamaño al ritmo de mi caída que sonaba a latigazo, y la textura del agua chocolatuda se hacía cada vez más nítida. 
   El bullicio del pueblo calentano y ráfagas de música del bailadero se confundieron con el rugido del río, cuyo caudal torrentoso casi moja mi cuerpo arqueado al pasar debajo del puente; recuperándome para envolverlo en mi looping perfecto que rematé con un acuatizaje mantequillero de esternón. Casi no paro!  

jueves, 25 de agosto de 2016

EXTRA-VAGANCIAS

   


   Vuelve al ciberespacio BLOGDELALOMA, despues de un largo período de ausencia, ocasionado por la pereza que nos invadió por el oficio de opinar en un ambiente sofocante de intolerancia y fanatismo que más se siente aún cuando se da donde uno vive, y cuando los problemas que generan los comentarios y las críticas son causados por vecinos, amigos y hasta familiares que no admiten sino que con ellos se este en total acuerdo; sin concesiones.
   No se nos quitaron las ganas de opinar, pero si las de tener que lidiar con rencores y presuntos enemigos gratuitos; y de esa manera suspendemos labores en esos terrenos  del periodismo de opinión. Mas no nos aguantamos las ganas de seguir publicando pendejadas que se vienen escribiendo en muchos años; y que los lectores dirán si valieron publicarse.
   Crónicas y ficciones. De las segundas se advierte que nada tienen que ver con la realidad, y que sus personajes son invento del autor.  

FAROLAS


FAROLAS

Apareció una tarde temprano por el tallercito. Desde la calle hacía señales de saludo mientras yo trataba de identificar a semejante personaje que a pesar de andar limpio y bien vestido reflejaba por todas partes su condición de canero. (Una expresión de la cara, algo en el color y la textura de la piel, el pelo brillante de grasa echado para atrás, la misma postura y el caminado hacen a estos tipos, que pasan la mayor parte de sus vidas en calabozos y patios de cárceles y comisarias, inconfundibles para quienes por ventura aprendemos a reconocerlos y podemos prevenirnos de las que siempre son malas intenciones para lo que sea que quieran con uno semejantes joyitas). Inmediatamente lo relacioné con la historia que días antes me había contado Anita sobre el robo al Artístico, y de la muy posible participación en el mismo de un tal Farolas, apodo que me sonó bastante familiar. 
Y lo reconocí a pesar de que habían pasado muchos años y que de un pequeño gamín se había convertido en todo un hombre curtido por la vida. No lo veía desde cuando  pertenecía a la banda de rateros de La Bruja, un adolescente de mirada maleva que dominaba la gallada de cinco o seis muchachitos callejeros que sembraban el terror entre los niños y las mujeres en los barrios del oriente de Manizales. Una vez los habíamos enfrentado para recuperar el reloj de mi hermano menor, que había llegado a la casa horrorizado y por temor casi que no nos confiesa el robo de que acababa de ser víctima, y las amenazas que le hicieran si alguna cosa contaba. Recuperamos el reloj y quedó claro para la pandilla que quedaban vedados para sus actividades los alrededores de nuestras casas y del parquesito del Cable, cuartel de la barra con reputación de duros y con quienes nada querían tener que ver los rateros. Y ahora se aparecía el tipo, después de por lo menos veinte años, el único sobreviviente de la antigua banda, que el resto habían muerto todos en forma violenta, ya fuera en riñas en los patios de la cárcel, o víctimas de los escuadrones “de limpieza” que recorrían los sectores de mala muerte desapareciendo atracadores y drogadictos, cuyos cuerpos dejaban en los basureros, a veces tan desfigurados que se quedaban para siempre sin identificar. Le dí café.
Al principio se me estaba haciendo el loco con el tema del robo a don Evelio, a cuyo almacén se metieron por ventosa y desocuparon de las cosas de valor, especialmente de una muy buena colección de monedas y billetes, a la que el viejo había dedicado gran parte de su vida. Ni idea decía tener Farolas sobre el asunto, así como pretendía no conocer siquiera el Artístico. Pero yo le refresqué la memoria y le hice saber que estaba plenamente identificado por testigos y empleados del almacén. Comenzó entonces a dar muestras de que sabía algo, siempre negando rotundamente su participación, pero diciendo “distinguir” a los autores y al reducidor que les habría comprado el botín. Quedamos en que me llevaba hasta la casa del tipo, donde por unos pocos pesos recuperaríamos el: -” cartuchado de billetes y monedas viejas...”-, que según él era lo único de lo robado que quedaba sin venderse.  
Se montó a mi lado en el carro y arrancamos, a pesar de las advertencias de mi asistente, -que había presenciado toda la conversación sin quitarle los ojos sorprendidos al bandido-, sobre el inmenso peligro de irme en semejante compañía. -”Tranquilo hombre Alvaro, que corre más peligro esta rata conmigo”-, le dije mirando fijamente a Farolas con la intención de amedrentarlo. 
Subimos a los nuevos barrios pobres del norte, que ya gozaban de tenebroso prestigio, y llegamos, después de muchos rodeos, por callejuelas para mí desconocidas, al frente de una pequeña vivienda de adobes de cemento con  postigos de madera, cerrados herméticamente, y un portón de lata, demasiado bajito por el que se metió Farolas apenas le abrieron, luego de golpear con cierto ritmo a manera de clave. Dos minutos después salió mirando insistente y rutinariamente hacia arriba y abajo de la calle empinada, mientras se cerraba la pequeña  puerta a sus espaldas. Me confirmó que ahí tenían la “mercancía”, y que nos la daban por veintemil pesos.
-” Ofrézcale diez, que ni un centavo más”-. Le dije cerrando de nuevo la ventanilla.
-” Que dizque quince o nada”-. Al cabo de otros tres o cuatro minutos que me iban pareciendo una eternidad en semejante olla.
-” Está bien pues, que me los traiga para darle el billete”-
-” Noo pinta, ni loco va a salir ese man. Hay que darle la moneda primero. Fresco llavecita, no se mareé que el hombre no es ningún faltón....Además de que yo ya le hablé de la clase de bacán que es usted”-
-” Nada Farolas. No me hable güevonadas que yo no nací ayer. Me entregan la vaina primero  o no hay negocio y nos vamos ya de este mierdero...”-
Y otra vez varios minutos interminables hasta que apareció de nuevo Farolas con el cuento de que había que dar la vuelta a la manzana para esperar al sujeto que saldría por detrás, porque: -”..ya se ha dado mucho visaje por el frente. Entiende?”-. Dimos la vuelta y esperamos hasta que efectivamente apareció el tipo, (oliendo penetrantemente a almizcle de bazuco y tan malencarado que a su lado parecía Farolas un seminarista), por una especie de puerta de ganado entre dos humildes viviendas. Se arrimó al carro braveando, con un paquete envuelto en plástico debajo del brazo, pidiendo insistentemente: 
-” La plata, la plata bacán, p’a que dejemos de mariquiar”-
-” Si claro, pero a ver mi mercancía”-. El motor del carro prendido y media ventanilla abierta.
-” Eh qué zalamería la de éste man, nó? Muestre a ver el billete que aquí esta lo suyo. Fresco pinta...”-
Allá los podría estar esperando todavía al par de rateros que me arrebataron los tres billetes de cincomil apenas los asomé por el espacio abierto de la ventanilla, diciendo cagados de la risa que se habían confundido de paquete y que ya no más volvían, mientras se perdían por la portada desde la cual sólo pude ver un laberinto de solares enmalezados llenos de basura y de niñitos llorosos y mugrientos.



*     *     *

domingo, 22 de enero de 2012

Lunes maluco




   Sobre de Manila
   Lunes maluco
   Rafael Mejía Arango



   El capitán del colosal buque de placer Costa Concordia, Francesco Schettino, nos tiene escandalizados urbi et orbi con su cinismo e irresponsabilidad. Cuántos payasos como éste, comandantes de todo tipo y con el destino de los demás a su merced, navegarán por el planeta?

   Y la chica con quien cenaba y se acompañaba mientras hundía el gigantesco crucero, de sobremesa, insiste en que su capitán es todo un héroe y que por su pericia no fue peor la tragedia, ah?

   ***  

   Al fin reunido el equipo humano de bloma, y luego de desintoxicaciones y terapias volvemos a la briega. Salimos a puente el siete de diciembre y hasta el sol del martes pasado fueron apareciendo todavía borrachos los unos, enguayabadas las otras y angustiados (cuasi suicidas) todos por parejo: redactores, corresponsales, diagramadores y demás.

   Llegaron con el cuento de una intoxicación masiva en la fiesta de velitas donde el jefe de voceadores. Dizque encontraron residuos de carreta contaminada en el arroz con pollo. Todos culpan a la angelita buena, del departamento de conciencias, encargada como siempre  de llevarlo todo –anda, la ilusa, cobrando las cuotas que ninguno puso–. 

      A la angelita mala hubo que dejarla en rehabilitación; es la única ausencia en redacción, así que estamos sin abogada del diablo; sin mala leche.

   Y preocupados por la lecturabilidad y el desdén de algunos suscriptores de esta casa periodística.

   Voces desesperadas en los pasillos llegan a límites como el de proponer telenovelas en blogdelaloma. Y hasta realitis y concursos de frivolidad. Todo porque hicimos comparaciones de facturación y de rating con los medios colombianos más representativos... la verdad es que siempre nos fue mal... y parece que será una dura competencia. Pero tampoco es así de dramático, ahí vamos. ¡Si se puede! ¡Si se puede!

   ***

   Esta semana que termina fue el "blue monday" que no es lunes azul sino maluco y depresivo; es una teoría que determina el peor día del año, en cuanto a bajonazo, aburrimiento y peladés. El tercer lunes de enero, temporada de climas extremos, pasadas las fiestas de navidad y año nuevo, cuando llegan en avalancha las dolorosas cuentas de ocio y diversión, sumadas a colegios y afines, más las alzas automáticas de los precios de todo...

   Para mí, sin embargo, ha sido motivo de alegría, pues pasé el tal lunes al pelo, como una uva. Fresco como una lechuga. Me califiqué y saqué cinco en todo. Me miré al espejo y descubrí, sobre una cara sonriente y satisfecha, una aureola nueva alrededor de la coronilla, como de santo, pero yo no creo que sea para tanto. ¿Para tonto?

    El lunes maluco me cogió con ropa limpia, especialmente en los bolsillos, y con la conciencia y los créditos en paz.

   Sin guayabo moral. A pesar de mi grave problema con el trago, que volvió a ser mi peor enemigo en estas últimas semanas carnavalescas.

   El licor, el elixir del diablo. y mi relación con éste, agobiante esclavitud. La torturadora condición que me hace paria social, además de perjudicar a familiares y amigos del entorno más querido. El maldito problema mío con el alcohol, y mi renuencia testaruda a salir del fondo del abismo. La insistencia mía en no beber, en no tomar trago. Mi encarnizada abstención. La sobriedad.

   El "socializador" por excelencia funciona en ambas direcciones, y si es sabido que los sobrios poco resistimos a los ebrios; es lógico que estos últimos menos soportan al llamado "tapir". Si a uno o a una, por estar en sano juicio le llega a un punto insostenible la tolerancia al beodo, por fresco que uno sea, por borracha que hayas sido; pues obvio que a quien anda de libaciones y de rumba tampoco le agradará mucho un intruso en sus cinco sentidos por ahí parando oreja, pillándoselas todas y lo peor, acordándose al otro día.

   Mejor dicho, hay que dejar el trago, aquellos que tienen "inconvenientes" con su uso y abuso; y no hay nada más satisfactorio que hacerlo, y yo insisto en que es algo fácil de lograr; pero lo que son las fiestas y las ferias se vuelven una lata.

   A cambio la saca uno barata –¿bareta?–, se disfrutan relajantes días serenos y, lo máximo, lo coge a uno el tal lunes macabro sin remordimientos. Sin delírium trémens; sin el más leve dolor de cabeza ni sensación de guillotina en la garganta, sin amnesia; y así es más llevadero.

   ***

    Por eso me extrañó cierta lujuriosa tendencia auto destructiva. Me tentaron la fritanga, la vida licenciosa, los remates de corrida, como acostumbré por estas mismas épocas en el pasado.

   Aquellas tentaciones sumadas a despropósitos como no dejar pasar el veinte-doce sin escanearme el organismo a ver qué diablos son todas esas cosas que siento y que palpo en lo que me queda de materia. Y de averiguar con los médicos (visibles e invisibles) las causas de esto y aquello y lo de más allá que siento todas las mañanas en todas y cada una de las piezas que me componen.

   Me parecen tendencias suicidas; como lo es hacerse el mejor amigo de Chávez y sus compinches, a quienes según el locuaz gobernante, repuesto, alebrestado y más guerrerista que nunca, les inocularon cáncer los espías de la CIA; como si cáncer no le diera hoy en día a cualquiera ("no pregunten de qué murió, sino dónde lo tenía"); como si todos no comiéramos, respiráramos y bebiéramos constantemente cancerígenos de toda clase; o como si los gringos fueran tan pendejos de no haber aprovechado la ocasión para darle mate –jaque mate– al dictador, en lugar de simple cáncer, que ya lo curan hasta los sobanderos. Solamente él se la cree. Ya olerían a gladiolo, con todo respeto. 

   Chávez mediador con las FARC. Te lo agradezco pero no! 

   Chávez, que al tiempo que muestra colmillos de misil y se abraza retador con su colega de Irán, quiere otra vez convertirse en el salvador de los secuestrados y el pacificador de Colombia. Nooo, papá. Déjelo así, mijo!

   Habrá conversaciones, seguramente, y dialogarán, es bien posible, en alguna tertulia del parche de mejores amigos en Miraflores, con Rangel Silva y Timochenko, tan llaverías, y con Evo y Teodora y Ortega y Correa… commmmpañeros! La barra del Chamo Imperial teniente coronel Chávez Frías. 

   Fácil. Desde ahora proponemos la nueva zona de distensión que cubra el territorio Venezolano. La cagüanización de la república chavista. Allá los muchachos se sentirán como en su casa; mejor aún de lo que llegaron a sentirse en La Uribe y alrededores, donde hacían paradas militares frente a los medios e iban y venían en poderosas camionetas que diariamente reconocían, desconsolados, sus verdaderos dueños a quienes se las habían robado, como si nada. Proponemos crear allá un estado chavo-fariano, y que se vengan para acá y viceversa los respectivos simpatizantes.


    ***

    Si bien el computador acabó con la imagen estereotipada del cesto de basura del escribidor, repleto de papeles enzurullados y la infaltable hoja en blanco entre los rodillos de la pesada máquina mecánica, la historia es siempre la misma.

   Entonces los intentos fracasados se arrugaban y se botaban, pero sin destruirlos, para no tener que armar después rompecabezas imposibles cuando otro día, de diferente humor, aprovechando el ascenso en la curva de ciclotimia, los rescatábamos porque ahora los encontrábamos geniales.

   Hoy en día la cibernética guarda bien ordenados los recortes, y archiva en orden alfabético los desechos; lo que permite tener todo aquello a la mano con un golpe de tecla.

   Así como se volvió un golpe de tecla publicar algo. Nunca fue tan fácil mostrar a los demás lo que se escribe. Y es precisamente esta circunstancia la que puso la cosa más jodida.

   ***

   El nombre de Marmato viene de marmaja, una piedra que los mineros llaman engaña bobos, y que aparece con el oro. Marmato está sobre una montaña de oro y de marmaja y puede ser el pueblo más particular por estos territorios. Y entre los pueblos mineros es bien característico y además tiene casi quinientos años de historia, de leyendas de brujas, fortunas y muertes violentas, mayormente suicidios por amor.

   A Marmato-marmaja le puso los ojos la minería a gran escala, después de siglos de una actividad relativamente moderada. Ahora vienen, a por ella, los legendarios mineros canadienses. Tristemente célebres por depredadores.

   Porque en tiempos del capitalismo salvaje, si alguien aparece con tecnología capaz de partir el mundo en dos, como a una naranja, para sacarle hasta la candela, habría que permitírselo; en aras de la libre empresa.

   Porque ante don dinero "todo no vale nada", aunque este pueblo inverosímil sea una rareza digna de convertirse en un hito turístico y un museo viviente. En los desiertos de Arizona, en Norteamérica, cerca de la mítica Sedona de artistas e intelectuales, hay un pequeño pueblo minero abandonado llamado Jerome, fundado en la fiebre minera del siglo diez y nueve, sin mayor gracia aparte de algunos socavones y construcciones de ladrillo; el cual vive hoy en día del turismo, y les puedo asegurar que al lado de Marmato parecería un parque temático de Hello Kitty.

   Yo me pregunto qué cara pondrían las autoridades de Arizona, y los habitantes del turístico Jerome, (donde aún hay plata y cobre, pero se suspendió toda explotación a raíz de problemas de suelos, accidentes mineros e incendios), si les llegaran los vecinos del norte con la propuesta de "comprarles", para llevárselo, literalmente hablando, el pueblito con todo y sus minerales??
   
    Como un resplandeciente dos de oros se le ponen las pupilas a la bella vallenata Consuelito Araujo. Draga humana de avanzada de los norteños empresarios quienes ni tendrán que venir por estas tierras agrestes a que los piquen los legendarios zancudos del Bredunco.

   Marmaja–Marmato que lo recibes a uno a la orilla del Cauca, el río poderoso encañonado entre Felisa y Chirapotó. Encañonado y torrentoso. Puerto Marmato, restaurantes de tres golpes y hospedajes camioneros, donde hay que empezar a subir, primero en carro hasta El Atrio, con su iglesia y sus negocios; y de ahí a pata o mula para dónde uno vaya. En la mitad de la loma erosionada queda el centro, y por caminos y caminitos el resto del pueblo. Un pueblo con de todo entre socavones y rieles y molinos de la minería que lo rasguña desde siglos. Así era cuando lo conocí en los ochentas.

   Ahora al pueblo lo están pasando para la parte baja, sobre todo después de que una avalancha cubrió la diminuta plaza irregular, de tres esquinas, donde estaba la Alcaldía y en cuyos andenes bebimos y vivimos las fiestas del oro. Tiempos cuando nadie hablaba por allá de minería a cielo abierto, ni se conocía entre los pobladores la palabra ecología, ni sabían qué diablos era un depredador.
   Pero bueno, la buena nueva, Marmato de oro, es que aguantaste casi quinientos años. 

   ***

   La noticia de fin de año en Manizales: Detenidos veinticinco muñecos de año viejo!!! 
   Este puede ser el operativo del año, en lo que a orden público respecta. Los acusan de esconder explosivos. Habrá que detener también a los burros, a los cadáveres, a la gente y a todo aquello que se ha convertido en bomba en este país de los todo-bombas. rafame953@gmail.com





lunes, 28 de noviembre de 2011

Somos lo que hay.




   Sobre de Manila
   Somos lo que hay
   Rafael Mejía


   Me voy a hacer el loco, a ver si me paran bolas. 
   Esto de la razón y la lógica y la ecuanimidad son una cándida utopía. Salir a decir que se está acabando el mundo de a poquitos, que la humanidad se torció, que se volvió obligatoria la farsa y el faltoneo, es exponerse por lo menos a los corrientazos pachunos. O al exilio…(para dónde???).
   Salir a deambular "con ninguna gala", o como mucho con una sábana sobre la huesamenta, y un cartel que anuncie desgracias y proponga castigos a diestra y siniestra, parecería lo más cuerdo por estos días tan agitados. Pero la cordura está prácticamente prohibida; como la decencia; como la franqueza. Robe, tire farsa, encubra, engañe, mienta; y vera cómo lo dejan tranquilo. Encaja y gusta. Un éxito.

   ***

   Es la economía, ingenuas! 
   Las nenas feministas se reunieron en Bogotá con doña Florence, a protestar contra la violencia de género... ¿y las otras violencias?
Madame Thomas nos contó que ya son mil doscientas: quién dijo miedo, si temblábamos hace treinta años cuando apenas eran doscientas cincuenta... Parece que andan celosas porque no fue el bunga-bunga lo que tumbó de su trono al cavaliere Berlusconi. Hubiera sido un bello trofeo para la causa; pero se lo quedaron los líderes de la euro zona, y los omnipotentes calificadores de riesgo. La economía, mijas. 

   ***   

   Es la ecología, despistados!
   Se pueden interpretar recientes declaraciones de altos funcionarios como que ¡por fin! vamos a reconocer a uno de los cómplices principales de la hecatombe: el depredador. Aliado e idiota útil del también despreciable ultra-ecologista: dañina actitud contaminada de proselitismo que hace parecer odiosas y sesgadas a las verdaderas causas protectoras del ambiente. Ambas aquellas, depredación y oportunismo, tan perjudiciales; la primera motivada por avaricia y negligencia, y la segunda por mezquinos intereses políticos.
    
   ***

   El perro fue el mejor amigo del hombre; hasta que también se corrompió.

   ***

   ¿Cuál será, para Timochenko, la diferencia entre fusilar rehenes secuestrados y fusilar "retenidos políticos" y fusilar sus guerrilleros?
   Timochenko tiro-fácil, el ejecutador, nuevo jefe de las tropas de sembradores de minas, de secuestradores, de lanzadores de cilindros, de asoladores de pueblos,  de recaudadores de vacunas y extorsiones que saludan a su nuevo señor. ¡Cano ha muerto. Viva Timochenko!  
   Nativo de Calarcá, otro más de la caverna bolchevique recalcitrante convertido en delincuente común, dizque médico y seguramente nuevo mejor amigo del chamo delirante, comandante Chávez Frías –cuya cabeza hinchada y descabellada, esférica, inspira a la gloriosa remolacha mecánica–; ojalá esos amigotes no conformen las comitivas bolivarianas que reciben la visita de estado de Santos. Iván Marquez y compañía, que son como de allá.
   Que no se dejen ver, porque lo pactado es que les podemos echar mano, como a Valenciano.

   *** 

   Si de verdad se hubiera acabado el mundo el día y la hora de gracia de los diez unos, la pérdida no habría sido mayor. Menos mal. Ni creo ya que nos tengan preparado algo peor de lo que viene dándonos la naturaleza desde hace décadas; y que se acentúa. Qué llovedera tan berraca. Y qué tsunamis, y qué tornados y qué incendios forestales y qué sequías tan berracas. Se podría pensar que salimos de lo peor. Faltaría el famoso y temido juicio final, pero no me cabe duda de que a éste el internet lo volverá un foro más del montón, sin trascendencia; qué pena con Dios.
   Por eso no suena inoportuno aquello de que a desmandarnos y a gozar… que no nos cojan los aguaceros en la casa.

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   Pero seguimos paranoicos. A tal punto que el otro día ya iba a ponerme a llorar de tristeza, aterrorizado, cuando vi, leí  u oí la muy amarilla noticia: “Aparecieron los cuerpos de las reinas”. 
   Lo primero que se me ocurrió fue una avalancha… pero no me pareció probable en Cartagena: inundación?, tsunami?, se caería el edificio donde desfilaban?, naufragio de ballenera, yate o similares? Me supuse amigo de la niña caldense, o de la mamá, o de los abuelos; de pronto hasta parientes, como todo el mundo por acá, (pueblo incestuoso que, aparte de pobres y alpargatudos, también hemos sido, Faciolince). 
   Qué susto pasé en ese santiamén de incertidumbre, hasta que ví, oí o leí que se trataba de vestidos de baño y desperfectos imposibles en nalgas y pechugas, entre chicas cuyo único problema grave sería el tal "señorita" ese.
   Perlas del Ruiz. La inmediotéz de la noticia en nuestros medios parroquiales. La pobreza espiritual de los equipos periodísticos que manejan las mega emisoras locales: Trovadores y correveidiles y Marielita Marquez y sus muchachos (yo sospecho que Marielita se inició en el oficio sirviéndole los tintos al "dotor" Javier, oyéndolo pontificar mientras ella se ahogaba en suspiros). En el hervor de la tragedia del barrio Cervantes le entregaron los micrófonos a una niña de máximo diez años, todavía despavorida, para que nos explicara al país y al mundo las causas de aquello tan espantoso: "eso fue un tubo de Aguas de Manizales"... dijo categóricamente la muchachita; y así lo titularon y así lo presentaron. Como si nada.

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   Perlas como esta de Cristian Mejía en LP nov 28:
   "Y ya para terminar, ojalá que el nuevo alcalde para esta ciudad encuentre rápido las personas más idóneas para conformar su gabinete, bien sabe su tío el ex alcalde Dr. Jorge Enrique Rojas que, en su momento, yo le traje ayuda de la cooperación internacional para adelantar los primeros estudios que terminaron con el desarrollo del Cable Vía para esta ciudad, y estoy dispuesto a hacer lo mismo para los proyectos que el señor alcalde proponga en su administración." 
   Muy querido Cristian. rafame953@gmail.com